domingo, 23 de noviembre de 2014

Mi ViAjE....

Hoy salí otra vez…. Hacia un lugar para después perderme. Fue uno de esos días en los que no emití palabra de mi boca, sin embargo mis revoltosos pensamientos se dispararon como misiles hacia todas las direcciones posibles y aun imposibles.
Primero estuve unas tres horas sentada en un lugar oscuro y frío, inmóvil. Mientras de una pantalla se lanzaban 24 imágenes por segundo y hacia todo mí alrededor los sonidos me envolvían entre el caos y el silencio inmutable. Saltaba una y otra vez de mi sitio, enroscaba mi cuerpo y volvía a mi posición primera. Mis ojos se iluminaban y por momentos eran inundados por el mar de las pasiones, a las que aquellas imágenes me remitían.
Cuando salí de allí caía la tarde, me sentía fuera de ese mundo real, solo podía caminar hacia delante y observar. Allí pensé: … “A veces me siento fuera de este mundo”. Había música a mi alrededor, música que acompañaba mis pasos, música que el viento alejaba y acercaba, se mezclaba y me permitía volar, en mi andar liviano fuera de rumbo.
Sentía que los poros de mi piel estaban absorbiéndolo todo, que incluso mi cuerpo no alcanzaba para contener tanta percepción.
Las voces por momentos eran ajenas, las había de muchos idiomas y cuando trataba de concentrarme en alguna de ellas, podía escucharlos, podía escuchar sus historias, sus deseos, sus miedos y sus pesares.
Me sentí flotar entre tanta gente y mis ojos no miraban hacia ningún lado y al mismo tiempo lo abarcaban todo. Cada pequeña miniatura, cada color, cada rostro y cada mirada penetrante que andaba por allí.
A lo lejos música clásica. Los rostros de unos jóvenes aventureros, alegres e iluminados por el sol, dejaban sonar sus instrumentos entre la multitud que los escuchaba. Allí me senté, sobre el pasto, desplomada sin entender cómo y porque había llegado hasta aquí.
El sol iluminaba mi costado derecho, mi costado izquierdo estaba bajo la sombra, con mis ojos cerrados escuchaba aquellas canciones que sonaban a mi niñez, y la multitud a coro cantaba tratando de amarrar en aquellas letras, un poco de lo habían sido.
Ahí había niños, de los reales y de los otros, de esos que están aún queriendo dejarse ver en los adultos. Ellos estaban ahí, saltando entre los rígidos caminantes, ellos podían jugar sin prisa, imaginar historias que creían reales y aun decían ser magos, acróbatas, princesas y caballeros de batallas.
De a poco los vi irse, y una intervención rompió con la configuración social de ese tiempo. Mujeres encadenadas a hombres, hombres encadenando mujeres, personas atrapadas entre cables tecnológicos, niños amarrados a sus padres. Ahora mi atención estaba puesta en ellos, en esas conversaciones estereotipadas que poco se distanciaban de las reales y cotidianas. Un folleto llegó a mis manos y entendí que aquellos actores nos colocaban como testigos de la violenta realidad con la que convivimos. Esas cadenas reales, también estaban invisibles entre nosotros, en nuestras relaciones diarias, en aquella pareja de allá que bajaba la cabeza, y en aquella otra de allá que vociferaba insultos a la intervención. Sentí que era hora de continuar el viaje, y una música alegre me guio hacia un sitio contiguo, en el que cientos de personas vestían de colores y cantaban con voces profundas al grito de hare krishna. Y entre ellos caminé. Me detuve en un escenario en el que se dramatizaba la historia de amor entre los dioses Radha y Krishna, mientras una muchedumbre observaba, cantaba y aplaudía.
Luego me senté frente a un grupo de hindúes que cantaban, rezaban y tocaban sus instrumentos, contagiada de la pasión que desprendían sus miradas y otra vez allí permanecí, inmóvil, agradecida, inesperada.
Sentía que el día se me era eterno, y tal vez era porque realmente estaba disfrutando de todo aquello que sin esperar se desplegaba ante mí. Observé a quienes meditaban, observé a quienes caminaban y bailaban… y pensaba en cómo iba a poder describir todo aquello.
Con la puesta del sol, emprendí la caminata hacia mi hogar, me sentía plena y satisfecha, camine un trayecto junto al sol que se escondía entre los árboles. Me gustaba sentir la brisa, que por momentos dejaba caer sobre mí, una lluvia de pétalos amarillos, casi como ensueño. No tenía palabras en aquel momento, mi respiración fue calma y mi paso lento.
Los seguí observando, sus velocidades, sus conversaciones, sus risas y hasta sus preocupaciones y en contraposición a lo que había sentido antes, también me decía a mí misma… Si bien a veces me siento fuera de este mundo, otras estoy tan arraigada a la tierra, su olor y sus desmanes, que parezco ser tan parte de ella, incluso como si ella habitase en mí.
Y así llegué a casa, un día inesperado, aunque buscado. Siempre me pregunto que me gusta de las grandes ciudades y hoy podría decirles que es esta posibilidad de perderme en esa multitud, porque cuando me pierdo encuentro dos cosas, a mí misma y un nuevo rumbo… Hasta el próximo viaje….
Gisele Molinari

domingo, 17 de agosto de 2014

INSTANTES

Instantes
Fue un instante en el que te vi, en aquel lugar, con aquella gente.

Tu beso inesperado fue un instante, un maravilloso instante que no podría olvidar

Fue un instante, el día que la piel se apoderó de la aventura.

En un tiempo me enamoré, pero en un instante se lo dije a tus ojos.

Y en un tiempo, fuimos, vinimos, nos enroscamos y aprendimos

Pero en un instante nos dijimos adiós.


Y así de instantes vivimos, algunos plenos y otros vacíos. Me preguntaba que sería un instante, y es esa porción de tiempo entre lo uno y lo otro, que tiene la fuerza de un huracán y la intensidad de una emoción, en su momento más pleno. Ningún instante se repite, son únicos por su naturaleza. Algunos son inesperados y otros premeditados, pero son instantes.

¿De cuántos instantes se compone la vida? Son las notas musicales que componen esta melodía, que empieza, termina, y siempre es diferente.

Segundos fugaces, como las estrellas, que pueden separar abismos o unir mundos, instantes

En un instante abro mis ojos y te veo y en un instante los cierro y ya no estas.

En un instante, te siento. En un instante nos consumimos, en un instante somos fuego, y otro instante frío.

Ráfagas de tiempo pausado, en el que todo puede cambiar al pasar.

Aún recreo los últimos acordes de ésta melodía. Pero el fugaz instante ya pasó, y solo puedo bailar con la estela de lo que se fue.

¿Cuánto se revuelve en un instante?.¿Cuánto se mezcla, cuanto se nos escapa y cuan poco es lo que queda?.


En un instante te invite a mi mesa, en aquel lugar con aquella gente.

En un instante vibré como las cuerdas de tu guitarra entre tus brazos.

En un instante nos abrazamos

Y en un instante nos perdimos.


Gisele Molinari


Dedicado al ser con quien compartí los más hermosos instantes de éste último tiempo, y con el que aprendí que solo se trata de eso, de un instante.
Gracias por esta melodía.

lunes, 10 de febrero de 2014

Una noche, un instante

Y así en esta lucha interna terminaba mi noche. Allí en el suelo como en el infinito, con la mirada perdida, con la respiración pausada y un Chopin que latía incesante sonando desde mis entrañas.
Suave tallaba desde dentro y punzante el dolor se exteriorizaba desde de un cuerpo extenuado. Lágrimas borraban los más profanos pensamientos, que deseosos estaban de absorber la sabia incierta del futuro.
Aturdida de mis propias voces consientes e inconscientes. Apresada por sus oscuras maneras de enredarme es los caminos sinuosos alejados del ahora.
Lucha de poderes opuestos, ambos fuertes, ambos linces, ambos inteligentes. Todo allí enmarañado como un torbellino desorientado. Dentro y profundo.
¿Cómo salir?, si he convivido con ello prácticamente toda mi vida.
Aborrezco tus caminos y sin embargo los vuelvo a tomar para desarmarme nuevamente en el intento de ganarte.
Maldita hipocresía de mentirme como si luego todo volviese a comenzar.
Cada parte de mí se movió y escupió tu enfermante narcótico de ensueños, para montar allí cimientos de realidad.
Abatida, anestesiada, aniquilada.
El cansancio de mi piel me inmovilizó aquellos segundos, mientras las puertas prohibidas se abrían como surcos en la mente… y en el cuerpo.
¿Qué más querías?
Atravesada estaba por tus gritos penetrantes e hipnotisantes como sirenas en el Mediterráneo de mi torrente sanguíneo. A punto de enloquecer de ira.
Chopin dejo volar sus notas un tanto más apacibles. Y las tomé de arrebato. Las abracé y dejé que sonaran en mí ser como una canción de cuna.
En posición fetal me protegí y te di mi espalda.
Solo quería calmar la ansiedad de tu angustiosa presencia. Quería y quise que te fueras. Respirando profundo volví a llenarme de aire nuevo, aunque sabía que allí ibas a permanecer intacta.
Un poco más Chopin…. Un poco más de eso tan lindo que me está devolviendo a mí.
Nunca sabré quién gana estas batallas nocturnas allí dentro. Mi consuelo descansa en creer que almenos ambas fuerzas opuestas conviven.
Me conformo con este momento. En que tendida mirando el techo, ilimitado se volvía mi universo y me conectaba con algo más.
Instante, ahora te abrazo y soy yo quien te acuna para que me enseñes a vivirte.
El futuro solo quiere de mí las fantasías, eso lo sé y no quiero dárselas.
Quedate un ratito más... que es Aquí y Ahora es donde me siento plena.
Es Aquí y Ahora donde respiro y me siento viva.
Dures lo que dures, sos mi instante y quiero permanecer aquí.
Hoy futuro no voy a escucharte.
Callate este ratito y escuchemos juntos a Chopin…
Gisele Molinari

martes, 12 de noviembre de 2013

Carta a mi Fuerza de Voluntad

Hoy me levanté con ganas de escribirte. Llegamos juntas al final de un año lleno de decisiones en un principio y de concreciones hacia el final, gracias a que estuviste presente cada día y a cada instante. Lograste moverme y motivarme aun en los momentos más difíciles, levantarme con la lluvia, con el frío, en las madrugadas oscuras del invierno. Vimos juntas a los árboles desojarse y florecer con la llegada de la primavera y hoy disfrutamos juntas la salida del sol, en aquellas mismas madrugadas que tanto nos hacían congelar. Esperamos el 160 casi seis de los siete días que tiene la semana, apretadas, incómodas, a los saltos y alguna que otra vez, en algún asiento desocupado. Hicimos que las matemáticas tan odiadas se trasformaran en un desafío, y lo superamos. Volvimos a retomar la lectura diaria, los apuntes, los cuadros sinópticos y las exposiciones. Te exigí aun más, agregándote el trabajo corporal de los sábados, y todas aquellas horas dentro de la cueva del trabajo, y respondiste siempre con más. Discutimos mucho, incluso cada día, porque yo quería estar un ratito más y vos me alentaste a seguir. Y así llegamos al final del año, con los objetivos cumplidos. El cansancio es inevitable, pero todo se supera con la alegría de saber que te tengo y que puedo contar con vos para lo próximo, que siempre es más. Gracias infinitas... No por nada te definen dos de las palabras más alentadoras que movilizan a los seres humanos: FUERZA y VOLUNTAD.

sábado, 8 de junio de 2013

Lo que se nos pasó...

Es absolutamente importante hacer y decir lo que uno siente, en el momento que lo siente, libre de presiones, ataduras, personajes, mandatos y corazas. Creo convincente que cuando las cosas se dan de corazón a corazón, son tan auténticas que todo lo demás deja de importar. Es cierto que la vida nos hace cada vez más duros, a algunos más, a otros menos.Vamos en ese proceso. Pero ser blandos y vulnerables, también nos hace más humanos, porque se trata de vivir y si la vida no nos atraviesa, entonces para que vivir. Tarde es una palabra para mí difícil, dolorosa. Para unos, tarde, puede ser una bendición, para otros es el replanteo de muchas situaciones, que dejamos pasar como el agua y nos tortura el hecho de no haberle dado al tiempo, el valor merecido. La clave de los seres humanos está en aprender de aquello que nos pasó. Siempre hay un más allá, un futuro que aunque incierto nos espera y nos vuelve a poner a prueba. Cuando estamos ahí, frente él nos dice ¿ Y ahora como estas dispuesto? ¿A que estas dispuesto? Y allí el ser cobardes o ser valientes, el REPETIR o el REVERTIR... El dolor no es más que ésto, es la vida que nos pasa por adentro, revuelve, desacomoda y se va con ese gusto a nada. Luego tomamos cada parte y tratamos de rearmar, de reconstruirnos, pero ya todo es distinto, hay piezas que faltan y piezas nuevas que se generaron. Es por ello que después de cada situación dolorosa, resurgimos como el Ave Fenix, diferentes cada vez... ¿Y que hacemos con este nuevo que somos? Vivir, aprender, transitar, recorrer hasta el último aliento... Gisele Molinari

lunes, 13 de febrero de 2012

De tu esencia al infinito



Hace unos días atrás, alguien a quien quiero mucho, por un desafortunado hecho casual, veía imposibilitado el comienzo de su proyecto personal. A medida que nuestra charla se extendía, podía observar claramente la división de dos posturas. Por un lado la decepción que no dejaba ver más allá, y por el otro el resto de posibilidades que de una manera u otra permitían continuar el proyecto, aunque no como se había deseado y eso nuevamente generaba frustración.

Terminada la charla y mientras meditaba a solas en mi habitación, me vino a la mente un hecho que solía frustrarme muy seguido.

Como ustedes saben, me apasiona escribir. Durante mis años en la facultad, era casi una tarea habitual escribir guiones, y mi gran problema, como eterna perfeccionista que soy, era que siempre quería comenzar por el título. Entonces podía estar días y días pensando “el mejor título”, y mientras eso sucedía, la historia que tenía en mente (que me negaba rotundamente a escribir, sin título) iba perdiendo sus matices, sus personajes y ya después no valía la pena contarla.

Me valieron algunos años de frustración, de perder historias, y de pensar que la escritura entonces no era para mí. Hasta que un día decidí ver la posibilidad por sobre el fracaso. Ese día empecé a escribir, deje que las palabras salieran solas sin limitarme. Cuando sentí que toda esa ebullición interna se había plasmado por completo en las hojas, leí el texto y automáticamente el título se puso solo.

Aprendí entonces que mientras queremos arrancar como en mi caso, los textos por aquel título que sea el de lujo, el que impacte, así como cada persona busca iniciar su proyecto desde la magnificencia, se nos está escapando aquello que le va a dar vida a lo que sea que emprendamos. Y aquello no es más ni menos que la esencia….

No perdamos más tiempo en lo que nos falta, agarremos lo hay, lo que tenemos por las astas, y conquistemos así nuestro mundo, nuestros proyectos y para ello exploremos todas las posibilidades, sin frustrarnos en la primera de cambio.

Solo me resta decirles, que con los años y con la experiencia, el título, el lugar que deseábamos, aquello que queríamos cuando arrancamos, viene solo, y viene mejor. Pero insisto...demos el primer paso...

Desde aquel entonces cada vez que escribo, lo último que coloco es el título, a fin de cuentas la esencia se hallaba en el texto...

Lic. Gisele Molinari.

PD: Aquella persona, a quien mencionaba en el comienzo y me dio la posibilidad de meditar sobre este tema, es un ser de infinitas posibilidades… mi mensaje es ADELANTE!

martes, 24 de enero de 2012

No solo el pez por la boca muere



Sin más preámbulo que éste, hoy estoy dispuesta a alcanzarles algunas cuestiones que estuvieron dando vuelta durante estos días en mi cabeza y con ello, solo si están dispuestos, invitarlos a meditar.

Nuestra sociedad actual está sufriendo, lo que se conoce como “incontinencia verbal”, algo que podríamos definir como: la falta de capacidad de controlar las palabras, expresando las ideas de forma descontrolada, sin razonarlas.

Desde los medios de comunicación, pasando por la calle, el ámbito laboral e incluso en el familiar, se está inculcando esta moda de “Hablemos sin pensar”, “contemos todo” twitemos, publiquemos, subamos a facebook, youtube, etc.
La discreción, la mesura, la moderación están pasando a ser un tesoro, que si no lo mantenemos vivo, ya pronto perderá sentido.

No estoy en contra de la libertad de decir, ni tampoco la de publicar, porque esto mismo que hoy ustedes están leyendo, es lo que tengo ganas de decir y publicar y es la forma en que llega a ustedes. Pero si estoy en contra del hablar sin sentido, sin pensar, sin meditar ni filtrar aquello que decimos, ni con el más mínimo razonamiento.

Hablar es fácil, no necesita tiempo, ni lugar, pero pensar lleva tiempo y parece que hoy es algo que no queremos negociar, y a cambio de eso nos convertimos en “PESCADOS QUE POR LA BOCA MUEREN”.

No hablamos, escupimos al mundo sin antes reflexionar aquello tan preciado que va a salir de nuestras bocas. Somos opinólogos que de repente sabemos de todo: condenamos, criticamos, elevamos, defendemos. No estamos haciendo más que repetir y reproducir modelos, que tengo la sensación, comenzaran a dejar sin sentido lo que nos caracteriza como seres humanos: el habla y el razonamiento.

Nadie está libre de pecado, pues yo misma he probado la droga que nos están inculcando. También hablé, opiné e incluso a veces he criticado exponiéndome por las emociones y por la necesidad de que “todos lo sepan” convirtiéndome en una más del circo de la “incontinencia verbal”.

Hace unos días me tomé el tiempo para meditar, para escuchar, para filtrar, lo que digo y lo que escucho, lo que leo y lo que reproduzco y les puedo asegurar que todos podemos hacer un cambio gradual si estamos dispuestos.

Los invito a la práctica de:

•No emitir juicios sin conocer profundamente sobre aquello de lo que hablamos. Dediquémonos a conocer, a investigar, a informarnos.

•Tomémonos almenos 5 minutos a pensar lo que vamos a decir. Analicemos la situación en la que estamos, a quien tenemos en frente y por sobre todas las cosas que vamos a decir. Eso es hacerte verdaderamente responsable de lo que sale de tu boca.

•Preguntemos a los demás si podemos compartir una información en el que el otro está inmerso o le pertenece. De lo contrario es robar, es exponer sin mesura, es decidir por sobre el otro. Se trata solo de preguntar, de considerar, algo que nos hace más humanos.

Sé que no es fácil, ya que nos hemos acostumbrado a lo contrario, pero con el solo hecho de pensar que dijimos durante el día de hoy o que es lo que vamos a decir, alcanza para ser responsables de nuestras palabras, medir las consecuencias y no morder el anzuelo que podría condenarnos.

Saludos!

Lic.Gisele Molinari

Imagen de Marcela Manoukian
http://www.marcelamanoukian.com.ar/obra_es.php?obra=55